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El blog de Velatur

Usos de la cera de abeja más allá de las velas

La cera de abeja llegó a muchas casas por las velas, pero en el taller la usamos casi a diario para cosas que poco tienen que ver con encender una llama. Es un material noble: se funde a temperatura baja, se deja moldear con las manos, huele a lo que huele la colmena y aguanta años sin estropearse. Si alguna vez te has preguntado qué usos de la cera de abeja hay más allá de las velas, aquí van los que de verdad merecen la pena, con lo que hay que saber para no fastidiar la cera por el camino.

Qué es la cera de abeja y por qué sirve para tantas cosas

La cera la producen las abejas jóvenes con unas glándulas del abdomen y la usan para levantar el panal, esa estructura hexagonal donde guardan la miel y crían. El apicultor la recupera del opérculo, el finísimo sello que las abejas ponen sobre cada celda, y de los panales viejos. Después se funde, se filtra y se deja reposar.

El resultado es una materia sólida a temperatura ambiente, que se ablanda con el calor de la mano y se funde con facilidad al baño maría. Es impermeable, no se enrancia como un aceite y tiene ese olor tibio y dulzón que cambia ligeramente según la floración de cada recogida. Esa mezcla de cualidades explica por qué se ha usado durante siglos para sellar, proteger, dar cuerpo y, por supuesto, alumbrar.

1. Velas, el uso más conocido

Empecemos por lo evidente. Con cera de abeja se hacen velas enrolladas a partir de láminas de panal, velas por inmersión, velas de molde y velas de té. No hace falta perfumarlas: el aroma es el de la propia cera, y el color va del amarillo al blanco según cómo se haya tratado.

Si lo que te apetece es probar sin montar un taller en la cocina, el kit para hacer velas de panal y de té trae las láminas, la cera en pellets, la mecha de algodón, los tarritos y las instrucciones. Y si prefieres saltarte el proceso, las velas de té de cera de abeja encajan en cualquier portavelas que ya tengas por casa.

Con cualquier vela, las tres normas de siempre: nunca dejarla encendida sin vigilancia, mantenerla lejos de corrientes de aire y fuera del alcance de niños y mascotas.

2. Bálsamos y cosmética artesanal

En cosmética casera la cera de abeja se usa como espesante: es lo que convierte un aceite líquido en un bálsamo con cuerpo que se queda donde lo pones. Es el ingrediente clásico de las barras labiales caseras, de los ungüentos para manos y de las cremas de textura densa que se preparan con aceite y poco más.

La mecánica es sencilla: se funde la cera al baño maría, se añade el aceite templado, se remueve y se vierte en el envase antes de que empiece a cuajar. Cuanta más cera, más firme queda la barra; cuanta menos, más untuosa. Conviene hacer una prueba pequeña, dejar enfriar una cucharadita y ajustar antes de preparar la tanda entera.

3. Envoltorios de cera para la cocina

Las telas enceradas son uno de esos inventos antiguos que han vuelto con fuerza. Se trata de un retal de algodón fino impregnado de cera: con el calor de las manos se amolda a un bol, a medio limón o a un trozo de queso, y al enfriarse mantiene la forma. Se lava con agua fría y jabón suave, se deja secar al aire y se vuelve a usar muchas veces.

Para hacerlas en casa basta con repartir cera rallada o en pellets sobre la tela, meterla al horno a temperatura baja sobre papel vegetal hasta que la cera se funda y extenderla con una brocha antes de que solidifique. Dos avisos honestos: no sirven para carne ni pescado crudos, y no se pueden meter en agua caliente ni al microondas, porque la cera se derrite.

4. Madera, cuero y pequeños arreglos de casa

Aquí es donde la cera de abeja se gana el sitio en el cajón de las herramientas. Unos cuantos usos que funcionan de verdad:

  • Encerar madera. Mezclada con un aceite vegetal da un acabado mate y cálido para tablas de cortar, cucharas, marcos o una mesa que ha perdido brillo. Se aplica en capa fina, se deja reposar y se saca lustre con un paño.
  • Cajones que se atascan. Pasar un trozo de cera por las guías de madera y el cajón vuelve a deslizar sin ruido.
  • Cremalleras duras. Un roce de cera por los dientes y vuelven a correr.
  • Tornillos y clavos. Untar la punta con cera facilita la entrada en madera dura y reduce el riesgo de que se abra una grieta.
  • Hilo encerado. Pasar el hilo por un bloque de cera lo hace más resistente y evita que se enrede al coser cuero o telas gruesas.
  • Cuero. En botas y bolsos se usa desde siempre para sellar costuras y dar una capa protectora frente a la humedad.

Para todo esto va muy bien tener cera suelta a mano. Nosotros trabajamos con pellets de cera de abeja, que son la misma cera de las velas en formato granulado: se pesan fácil y se funden antes que un bloque entero.

5. Manualidades, flores secas y modelado

La cera admite bien el modelado en tibio, así que se usa para figuras pequeñas, sellos de lacre, adornos de temporada y esos proyectos de manualidades con niños que acaban decorando la estantería. También se emplea para conservar flores y hojas secas: un baño rápido en cera fundida y templada las recubre con una película que las mantiene más enteras y les da un tono suave.

Y en pintura existe la encáustica, una técnica antiquísima en la que el pigmento se mezcla con cera caliente y se trabaja sobre madera. No es un pasatiempo de domingo, pero da una idea de hasta dónde llega el material.

Cómo fundir la cera sin estropearla

Casi todos los usos anteriores pasan por fundir cera, y ahí es donde más gente se equivoca. Tres reglas que nos han ahorrado muchos disgustos en el taller:

  • Siempre al baño maría. Nunca al fuego directo. La cera es un material combustible y sobrecalentarla es peligroso, además de arruinar su olor y oscurecerla.
  • Con calma. Fuego suave y paciencia. En cuanto queden solo unos granos sin fundir, fuera del calor: se deshacen con el calor residual.
  • Con un recipiente para la cera. Cuesta bastante limpiarla, así que mejor reservar un cazo, una jarra metálica o un bote de cristal solo para esto. Lo que caiga, se retira en frío rascando, no con agua caliente por el fregadero.

Cómo guardar la cera que te sobre

La cera no caduca como un alimento, pero agradece un sitio seco, fresco y lejos de la luz directa. En una bolsa o un bote cerrado aguanta perfectamente de un proyecto a otro. Si con el tiempo aparece una capa blanquecina en la superficie, no es moho: es un velo natural que sale al variar la temperatura y desaparece en cuanto la cera se funde o se frota con un paño.

Por dónde empezar

Si nunca has trabajado con cera, el orden que recomendamos es este: primero una vela enrollada, que no necesita calor ni experiencia; después una tela encerada, que enseña a controlar la temperatura; y luego ya un bálsamo o un encerado de madera, donde las proporciones importan más. En tres tardes se aprende casi todo.

Toda la cera con la que trabajamos viene de apicultores nacionales y es la misma en las velas que en los pellets: sin fragancias ni colorantes añadidos, con el aroma y el tono que trae de la colmena. Puedes verlo todo en la tienda de Velatur y empezar por donde más te apetezca.

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